No encuentra las palabras. Tiene la lengua amarrada; afilada para lo correcto, no lo coqueto. No se ha bañado desde que se despertó porque lo primero que hizo fue recordar haber pensado que recordaría lo que ahora no sabe como sobrellevar.
"Querido Ernesto...", demasiado íntimo. "Hola, Ernesto: disculpa no responder tu llamada, estaba ocupado. El mensaje de anoche fue más un impulso. Pero, ya sabes lo que dicen de los borrachos. Espero no te haya mo...les...ta...¿le habrá?
Fino y educado, como de manual de Carreño. Concreto (menos que anoche, pero por que es con otra intención, piensa).
Y, ¿'ora cómo lo termino?
Sigue sin encontrar las palabras.
Al final de mis veinte. Parte V
-
Entre las varias más historias que se pudieran contar pero que no haré por
sobriedad de tiempo y espacio pasaron los meses. Enero fue un mes muy malo
para ...
Hace 2 horas