
A veces el tiempo libre lo pone a uno de buenas, muy de buenas. Por eso algunas películas de veras gustan cuando uno se viste (después de yacer desvestido) con la intención de divertirse, aunque hay también quienes se ven decepcionados en sus expectativas.
Igualmente, uno elige la película que quiere ver de acuerdo a un cierto tipo de disposición. El otro día, pues, estuve dispuesto a reír, enamoradillo y con ganas de ir en bola al cine, así que nada mejor que una comedia romántica MADE IN GRINGO, con mi amorcillo de ese entonces (anteayer, actually).
Primero que nada, hay quienes llevan ya rato en esto de la comedia. Aparte están los hermanos Farrelly. En esto del negocio de las risas, Nancy Meyers ha logrado que Steve Martín sea ubicado también como El Padre de la Novia I y II, y que Diane Keaton volviera a tomarse la foto como candidata al Óscar por Alguien tiene que ceder. Logros que, sobre todo, la parte femenina sabe apreciar, y todos apreciamos que ese sector incluye a casi todos los gays del mundo.
Es decir, si quiere usted, decididamente, reír viendo a Cameron Díaz enamorarse y a Kate Winslet azotarse, vaya a ver The Holiday, todavía en cines. Clásica como algunas de las comedias gringas clásicas, esta gusta sobre todo por poco común: dos historias en que las protagonistas nunca se conocen, sino hasta el final.
Cursi y simplona, ñoña y empalagosa como un fruit cake decembrino, la película acepta todos estos adjetivos no sin asumir que las maneras de transmitir tan sobadas emociones ya caducaron.
Por eso, neuróticas y solitarias, las protagonistas se conducen rumbo a una espontánea vacación, para así deshacerse de sus síndromes fastidiosos: resistir el amor no correspondido y aguantarse el llanto hasta llegar a la apartada casa en medio del campo, de Kate Winslet, y recibir el fastidioso llamado del omnisciente narrador que reafirma la infame soltería de Cameron Díaz como si narrara el trailer de algún churrazo.
La directora rinde homenaje poco discreto a la comedia clásica de Hollywood por partida doble: transmitiendo la misma cursilería mediante un planteamiento bastante original, al mismo tiempo que integra a la trama al vecino viejo, ficticio escritor de comedias del Hollywood de antaño.
Si digo más, arruino la función, único reproche a una película que puede vaciarse si se platica pero no se ve. Pero a leguas se nota quienes se sientan a dirigir luego de estudiar a los clásicos. Again, solo si está dispuesto.