17.1.06

La verdad es que estoy bien feliz

El andar erguido,
su noble figura,
sus labios sonrientes,
su mirada intensa,

y de su discurso,
el flujo hechicero,
su apretón de manos,
¡ay!, también de sus besos.

Mi corazón pesa,
mi calma se ha ido,
ya nunca la encuentro,
ni la encontraré.

Mi pecho suspira,
suspira por él.
Pudiera ¡ay! tocarlo,
Pudira ¡ay! tenerlo,

besarlo también
tal como deseo:
así de sus besos
querría morir.

(Margarita en el trono de hilar, Goethe y Schubert)

3 comentarios:

La trompetista de Falopio dijo...

Enhora buena, quién juese usté.

Abelina dijo...

ay....el amor!!

saludos henchidos de felicidad por su propia felicidad!

Anónimo dijo...

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Tengo alma, pero no soy un soldado.

La belleza está donde uno la encuentra.